"Tristana", una ópera contemporánea sobre la libertad, el deseo y el cuerpo como campo de batalla
Esta versión de Tristana propone una lectura radicalmente actual de la novela de Benito Pérez Galdós, atravesada por la potencia simbólica del cuerpo femenino y su derecho a emanciparse. En diálogo con el guion cinematográfico de Luis Buñuel y Julio Alejandro, y con libreto de Jorge Volpi, esta adaptación se sitúa en el barrio de Chamberí en pleno siglo XXI, donde los ecos de una España patriarcal y burguesa todavía resuenan entre pasillos modernos, móviles encendidos y silencios cargados de violencia.
La partitura original, compuesta por Miguel Huertas, es interpretada por un ensamble de piano, violonchelo y percusión, y da voz a un elenco compuesto por una soprano, un tenor, un barítono y una actriz. En escena, los personajes —Juan López Garrido, Tristana, Horacio y Saturna— atraviesan un paisaje íntimo, político y emocional donde se cruzan el amor, el poder, la dependencia y la necesidad de romper con todo.
La puesta en escena se articula en torno a una gran pantalla LED y cámaras en directo que amplifican los gestos, descomponen la intimidad y revelan detalles simbólicos esenciales: unas manos que controlan, una mirada que se rompe, una voz que se quiebra. Estos recursos no son ornamentales: son parte esencial del lenguaje de la obra, traduciéndose en una experiencia cinematográfica y emocionalmente incisiva.
Pero la verdadera ruptura llega con el final: si en la novela Tristana acaba mutilada, aquí ella es quien decide marcharse. No hay pierna amputada, sino una voz herida que, a pesar de todo, insiste. Frente a la sumisión y la derrota, nuestra Tristana —contemporánea, lúcida y contradictoria— opta por un camino en el que la libertad es posible, aunque duela. Aunque se cante con una voz distinta.
"Tristana", una ópera contemporánea sobre la libertad, el deseo y el cuerpo como campo de batalla
Esta versión de Tristana propone una lectura radicalmente actual de la novela de Benito Pérez Galdós, atravesada por la potencia simbólica del cuerpo femenino y su derecho a emanciparse. En diálogo con el guion cinematográfico de Luis Buñuel y Julio Alejandro, y con libreto de Jorge Volpi, esta adaptación se sitúa en el barrio de Chamberí en pleno siglo XXI, donde los ecos de una España patriarcal y burguesa todavía resuenan entre pasillos modernos, móviles encendidos y silencios cargados de violencia.
La partitura original, compuesta por Miguel Huertas, es interpretada por un ensamble de piano, violonchelo y percusión, y da voz a un elenco compuesto por una soprano, un tenor, un barítono y una actriz. En escena, los personajes —Juan López Garrido, Tristana, Horacio y Saturna— atraviesan un paisaje íntimo, político y emocional donde se cruzan el amor, el poder, la dependencia y la necesidad de romper con todo.
La puesta en escena se articula en torno a una gran pantalla LED y cámaras en directo que amplifican los gestos, descomponen la intimidad y revelan detalles simbólicos esenciales: unas manos que controlan, una mirada que se rompe, una voz que se quiebra. Estos recursos no son ornamentales: son parte esencial del lenguaje de la obra, traduciéndose en una experiencia cinematográfica y emocionalmente incisiva.
Pero la verdadera ruptura llega con el final: si en la novela Tristana acaba mutilada, aquí ella es quien decide marcharse. No hay pierna amputada, sino una voz herida que, a pesar de todo, insiste. Frente a la sumisión y la derrota, nuestra Tristana —contemporánea, lúcida y contradictoria— opta por un camino en el que la libertad es posible, aunque duela. Aunque se cante con una voz distinta.